La Tercera Revolución Industrial

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Si la primera y segunda revoluciones industriales tuvieron como abanderados principales la máquina de vapor y el motor de combustión interna respectivamente, para esta tercera revolución, que llevamos ya unos años viviendo, quizá no esté tan claro cuál es su punto central. Quizá podemos hablar de tres pilares fundamentales que evolucionan de manera más o menos independiente entre ellos y que llevan años revolucionando la mayoría de sectores industriales: energía, transporte y comunicación.

En 1977 el coste de un vatio de energía solar era de 76 dólares. Sin embargo, en 2017 no pasará de 0,36 dólares. Resulta evidente el avance reciente en estos campos y resulta evidente también la potencial solución que suponen a problemas graves como el cambio climático. Se calcula que explotando sólo el 0,1 % de la energía solar que llega a la Tierra obtendríamos 6 veces la energía que consumimos. Las soluciones están ahí, quizá lastradas por intereses económicos, quizá lastradas por ignorancia o miedo de los que dirigen las grandes corporaciones. Pero, ¿acaso puede haber mayor miedo que el de destruir nuestros recursos y nuestro hábitat?

Otra preocupación respecto a esta revolución industrial que nos ocupa hoy en día es el empleo. Ya hubo problemas en las dos primeras revoluciones industriales con esto. Hubo protestas y destrucción de máquinas que, al parecer, quitaban puestos de trabajo. Pero lo cierto es que nada puede frenar a la evolución humana. Como bien dijo Darwin, no sobrevive el más fuerte ni el más inteligente sino el que mejor se adapta al cambio. Hubo cambios en las políticas de empleo entonces y los está habiendo ahora. Según los discursos de Jeremy Rifkin, experto en la Tercera Revolución Industrial, parece ser que la tendencia es una migración del empleo hacia una economía más social, más relacionada con la interacción humana, atención sanitaria y social, sector medioambiental, cultural, artístico, deporte, entretenimiento, etc. En definitiva, el tipo de trabajo que alguien podría hacer por vocación, si no tuviera la necesidad de tener un sueldo. Esto nos deja cada vez más cerca de un mundo ideal como el del Proyecto Venus en el que la gente busca en el trabajo su desarrollo personal y aprendizaje, perseguir una vocación o interés, y no simplemente ganar un sueldo por pura necesidad. Nos acerca cada vez más a un mundo en el que prevalece el desarrollo personal del individuo frente a los intereses económicos y caducos de las grandes corporaciones. La pregunta es ¿seremos capaces individual y colectivamente de colaborar en la cohesión de estos tres pilares de la Tercera Revolución Industrial para hacerla avanzar en esta dirección o por el contrario nos seguiremos dejando llevar por un sistema obsoleto que se autodestruye cada vez más?

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